Se acabó el turno

El turno de partidos a finales de la monarquía de Alfonso XIII agravó el clientelismo político, la corrupción, el caciquismo en distintas tierras y profesiones. Lo insalubre de esa casa con puertas y ventanas cerradas llevó al crecimiento de la respuesta violenta de la izquierda. Como la escena internacional lo permitía, casi estaba de moda, Alfonso XIII permitió el golpe de Estado del general Primo de Rivera, presumiendo que era su Mussolini. Era dar pedales a la bicicleta cuesta abajo y se estrelló un 14 de abril de 1931.

El turno de partidos en los inicios de la monarquía de Felipe VI es la versión moderna y virulenta de aquel otro turno. Su diagnóstico es el mismo. Peor en cuanto el clientelismo se multiplica al generarse aquí 17 administraciones distintas, creciendo exponencialmente los casos de corrupción. 

Con un corrector de la ley electoral los nacionalistas vascos y catalanes han tenido una presencia en el parlamento superior a sus votos, permitiéndoles jugar como partidos bisagra y entregando trozos de soberanía por votos en la aprobación de los presupuestos o de una ley concreta. Escribió Gramsci: "Tomen la educación y la cultura, y el resto se dará por añadidura".

La inserción de España en distintos organismos internacionales: ONU, UE, OTAN, OCDE resta al Estado soberanía por arriba y las comunidades autónomas le vacían de contenido por abajo. Aquí no es importante lo ácido y disolvente que sea el mensaje sino que cumpla con la normativa vigente. La casa parecía tener de nuevo puertas y ventanas cerradas, sometida a la presión creciente del desempleo, la crisis, los desahucios, el hedonismo y el que venga detrás que arree.

El turno de partidos hoy, como ayer, hace aguas y aparecen nuevos actores políticos en escena. Ellos no estuvieron en los Pactos de la Moncloa ni participaron en la Transición. Para ellos no existe la versión indígena de los acuerdos de Postdam y Yalta.  Traen gente detrás y quieren jugar al juego. 
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Pasión por los cierres

A LOS PERIODISTAS


Muchos de vosotros me habéis oído voceando por la redacción: ¡Cerrad, cerrad! cual si de un grito de guerra se tratara.Yo también lo he escuchado. Es el momento en que el periodismo tiene su matemática: espacio partido por tiempo. Espacio que hay que llenar en el periódico partido por el tiempo que tienes para elaborar la información, buscar fuentes, redactarla, apoyarla gráficamente y dibujar la página. 
El tiempo se acaba, es el cierre en que entregamos el periódico a la imprenta que convertirá todo ese trabajo en negro imborrable sobre blanco. Cada error lo encontraremos en sus páginas repetido miles de veces. 
Aún una plumilla no ha redondeado el final de un reportaje, el tiempo manda, las rotativas esperan, un fotógrafo coloca fotos en los cuadros de imagen, varios redactores aplican las últimas correcciones. Café, tensión y tabaco. 
Hay infartos en los cierres. Estrés y adrenalina. Los jefes de sección envueltos en papeles corregidos con el visto bueno del redactor jefe. Voces y bromas. Tenemos un proyecto común, el periódico de ese día, y vamos a sacarlo, podemos. El periódico siempre sale, y sale regularmente, a veces bien.

Frases de la redacción:
No quiero un artículo bueno. Lo quiero el martes.
Los que dicen que no se puede hacer que no molesten a los que lo están haciendo.
Muro de las lamentaciones. Golpearse aquí.
Por sus frutos los conoceréis.
La Cibeles es una fuente, internet no.
Aquí estamos trabajando duro. No traiga desaliento, incompetencia, falta de fe, rumores. Sea amable. No nos rompa los nervios.
Tu secretaria ha muerto. La mía también
No. Luego, tampoco.
Sin peces, la foca no actúa.
¡Cerrad, cerrad, cerrad, bolcheviques!
Hazlo.
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Soy

No soy un yunque, soy una espada. No soy una pared, soy un camino.

Estoy
Organízate. Si no te gusta la organización A o la B, monta una escuadra. Si alguien no puede venir porque está muy ocupado, no cuentes con él. Si alguien dice que mejor no hacer nada, como el soldado que se esconde en un parapeto para que el enemigo le ignore, abandonadlo. No dediquéis vuestro tiempo a discusiones estériles y eternas.  
A los que traigan un proyecto diles: hazlo. Mejor equivocarse en marcha que acertar en la quietud: presencia en el presente. 
Plantearos objetivos cercanos, alcanzables, trabajar por ellos. 
Creced y multiplicaros. 


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Guerra Hispanoamericana

Los hechos heroicos en la guerra del 98 eran tales que hasta los oficiales del enemigo gringo escribían en periódicos y cartas sobre el coraje de los españoles ante la muerte. Cuando cae en combate el comandante Rafael Martínez Illescas, el capitán Harry Alvan Hall, jefe de la fuerza estadounidense que se ha batido contra los españoles en Coamo (9 de agosto de 1898), escribe a la viuda de Martínez Illescas, encomiándole el valor de su marido:
"Su muerte fue la de un héroe. Señora, el dolor inmenso que la sobrecoge debe mezclarse con la íntima satisfacción que ha de producirle saber que su esposo, hasta en su manera de caer, demostró que era el tipo legendario del soldado ideal.
Le suplico tenga a bien perdonar la intención de quien, como yo, formaba parte de las fuerzas adversarias; pero la admiración hacia el enemigo intrépido y valeroso es privilegio del soldado y una de las pocas satisfacciones de la guerra, y yo entiendo que es mi deber rendir este tributo a la memoria de aquel héroe.
Quedo de usted atento y s.s.,
Harry Alvan Hall, capitán del 16º Regimiento de Pennsylvania, USA".

El coronel Willis J. Hulings, jefe del 16º Regimiento de Pensylvania, declaró al editor de El Día, Nueva York, 20 de junio de 1915: "Yo había observado que durante la acción, un oficial español no había cesado de recorrer a caballo y a paso lento toda la línea de combate, bajo el nutridísimo fuego de mi fuerza, viendo caer hombres muertos y heridos a sus inmediaciones. A pesar de todo, el gallardo e intrépido oficial continuó pasando tranquilo y sereno entre sus hombres, a través de aquel huracán devorador, hasta que una bala le derribó.

Quise conocer el nombre de aquel héroe, para de su bizarría dar testimonio después a sus compañeros; el caballero, singularmente hermoso, tendido allí, victorioso aún en la derrota, ¡era el jefe de las fuerzas españolas!". Las declaraciones tardaron en ser publicadas porque el clima bélico existente en la prensa de Estados Unidos durante la guerra impuesta contra España no permitía esos gestos de caballerosidad, al menos en los medios de comunicación de William Randolph Hearst
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Obsolescencia programada

Los hermanos J'Hayber siempre habían estado juntos, iban juntos a todas partes. Eran inseparables, siempre vestidos de blanco. 
Vas caminando por la calle cuando todo se desmorona bajo tus pies. Primero son unos puntos blancos que arrojas al andar. Después, una banda que cede y un trozo de suela. Pocos pasos más y las zapatillas van desapareciendo ante tus ojos, muriéndose a cachos. Entonces piensas en ese concepto que llaman obsolescencia programada.



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20 minutos en Metro

Entra un hombre grande y barbudo en el vagón, llevando un teclado y su trípode. Le acompaña una chica más joven, gordita, en chándal. El hombre anuncia, con acento argentino, de forma amable, que quieren ofrecer un poco de música. Mientras toca las teclas, la chica le mira con arrobo, exhala dulzura. Anuncia el hombre que ahora tocará su hija. Cuando suena “El cóndor pasa” en los dedos de la chica, el padre entra por encima del teclado y la tocan a cuatro manos. El hombre pasa entre los pasajeros sin molestar y sale seguida de la hija, el muy alto, ella bajita. Es conmovedor, al menos la primera vez que lo ves, cuando llevas tres, menos.
   Entra un hombre y llora, nos dice que los comedores sociales están a reventar y que él tiene hambre. Sobre su camiseta negra, cuelga de su cuello moreno un Cristo. Clama. Es una escena dura. Lo malo de los vagones de la línea 6 es que son diáfanos. Cuando el hombre baja en la estación y se sube unas cuantas puertas más allá, está en el mismo vagón. La escena se repite.  
   Por el otro extremo entra una pareja de mujeres, también piden. Un hispano en la treintena vende a euro bolígrafos retráctiles y minilinternas de leds.  
   La estúpida ausencia de un libro me lleva a pensar varias cosas: Es mejor equivocarse dando, como hacía el doctor Arruti. Esto es dolorosamente conocido. La cuestión pasa de lo personal a lo social cuando todos ellos han entrado en un trayecto de Metro de 20 minutos.
   La inversión de un euro y medio del billete de Metro es rentable por las concentraciones de gente que no puede moverse y sobre la que actúan los oradores que de eso viven, que no es poco.
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Sorel, mito y movilización

Gustavo Morales

 La vía nacional al socialismo

La fusión del nacionalismo emergente de finales del siglo XIX -Europa gesta a Italia y Alemania- con las corrientes revolucionarias heréticas del marxismo, en especial la sindicalista, dará lugar a una nueva doctrina que, en las dos más conocidas de sus diferentes versiones, se alza de puntillas sobre sus mitos nacionales: Roma y el socialismo nórdico. Trataremos poco el segundo porque es en esencia un determinismo racial biológico, como el marxismo es determinismo histórico económico. Pero dejamos constancia del uso del rojo en la bandera del Reich y la proclamación del socialismo nacional.
   El fascismo primigenio nace de una ruptura del marxismo. La historia como motor abandona el carácter economicista y retoma las rutas imperiales del pasado. Ernesto Giménez Caballero habla de una “comprensión italiana de Lenin” en el primer número de La Conquista del Estado.

Movilización

En Sorel [1] el marxismo sirve exclusivamente como un mito movilizador de carácter heroico. El trabajador toma el papel del guerrero y a través de los sindicatos genera una nueva sociedad que surge del choque contra el viejo mundo. Esa apuesta por el presente tiene su parangón español: “Somos actuales” proclamará Ramiro Ledesma desde La Conquista del Estado, donde se vitorea la Rusia soviética, la Italia fascista y la Alemania nazi. No se trata de su corrección científica como concepciones del mundo sino de la capacidad para generar una nación en pie, movilizada, igualitaria por lo nacional. Ledesma no busca la verdad del marxismo o del nacionalsocialismo sino su capacidad de movilizar como instrumento revolucionario. Sorel  “esbozaba, pues, una teoría de la revolución en la que los sindicalistas adquirían el papel de héroes homéricos, el sindicalismo revolucionario se revelaba como la nueva virtud o religión que sostendría a la humanidad, y la huelga general, como el mito del proletariado y manifestación de la fuerza de las masas” [2]. La movilización de los trabajadores en los sindicatos, el alejamiento del parlamentarismo y del consenso.
   Sorel piensa que sólo los hombres que viven en estado de tensión permanente pueden alcanzar lo sublime. Por eso reivindica el cristianismo primitivo y el sindicalismo de combate de su tiempo. Los sindicalistas sorelianos se alejan del mundo corrupto de los políticos y de los intelectuales burgueses, distinguiendo entre conspiración y revolución, ésta es la única que da vida a una nueva moral. Sólo los trabajadores más militantes -dice Sorel- son sindicalistas: El obrero de la gran industria sustituirá al guerrero de la ciudad heroica. Por tanto, los valores de ambos son comunes y el ascetismo y la eliminación del individualismo suponen características compartidas por el soldado-monje y por el obrero-combatiente. “Los planteamientos sorelianos aparecerían en las formulaciones anarcosindicalistas, lo que supuso un punto de contacto entre este movimiento y el movimiento nacionalsindicalista” [3]

Mitos

Las enseñanzas de Bergson permiten amputar el racionalismo del marxismo y potenciar los mitos revolucionarios, dirigirse a los corazones y no a las mentes, el mito pasa del intelecto a la afectividad. Corneliu Zelea Codreanu aparecía en los pueblos rumanos montado a caballo y vestido con el traje nacional. Si tenía detenidos asaltaba las comisarías con los hombres de la Legión del Arcángel San Miguel. Es el gesto, como lo es la marcha sobre Roma, y la reivindicación del imperio mítico de Escipión que movilizaba a Italia en África. Mussolini proclama: “Los ingleses llevaron látigos, nosotros llevamos palas y azadas”.
   Bergson explica que en la conciencia profunda conviven religión y mitos. El método psicológico releva al enfoque mecanicista tradicional. Truecan los fundamentos racionalistas del marxismo por la visión de la naturaleza humana que predica Gustavo Le Bon, quien aconseja que “para vencer a las masas hay que tener previamente en cuenta los sentimientos que las animan, simular que se participa de ellos e intentar luego modificarlos provocando, mediante asociaciones rudimentarias, ciertas imágenes sugestivas; saber rectificar si es necesario y, sobre todo, adivinar en cada instante los sentimientos que se hacen brotar". Resume Le Bon que "la razón crea la ciencia, los sentimientos dirigen la historia". Es obvio que las simpatías históricas del nacionalismo vasco por el nacionalsocialismo y del catalán por el fascismo vienen por esta vía del sentimiento movilizador, la generación de símbolos que enardezcan el sentido nacional de la existencia. Con ellos llega el uso de los medios de comunicación como instrumentos de explicación de una realidad y difusión de consignas y de planteamientos asumidos: cine, radio, prensa, televisión.
   El sindicalismo revolucionario, que convive con un proceso de nacionalización de Europa,  niega la posibilidad de la explicación social en términos casi matemáticos, niega el racionalismo, al que acusa de corruptor. De Nietzsche aprende la coherencia del revolucionario, la negación de los valores imperantes y la afirmación de otros nuevos y rebeldes. En Reflexiones sobre la violencia[4], Sorel afirma que los mitos no son descripciones de cosas, sino expresiones de voluntad... conjuntos de imágenes capaces de evocar en bloque y exclusivamente a través de la intuición, previamente a cualquier tipo de análisis reflexivo, la masa de los sentimientos que corresponden a las diversas manifestaciones de la guerra librada por el socialismo en contra de la sociedad moderna. Sorel identifica mito y convicciones, entendiendo éstas en términos de las ideas y creencias de Ortega. Sorel distingue entre la ética del guerrero, que apoya, y la del intelectual, que condena: “Ya no hubo soldados ni marinos, sólo hubo tenderos escépticos”. Antepone a Pascal y a Bergson frente a Descartes y a Sócrates.
   La teoría de los mitos se vuelve el motor de la revolución y la acción directa su instrumento: “La violencia proletaria, no sólo puede garantizar la revolución futura, sino que, además, parece ser el único medio de que disponen las naciones europeas, embrutecidas por el humanismo, para recobrar su antigua energía”, escribe George Sorel en Reflexiones sobre la violencia. La acción directa es la respuesta a la brutalidad inherente a la explotación del trabajador, camuflada bajo la cortina de humo del sufragio partitocrático. Marx había escrito que la violencia es la única partera de la nueva sociedad. José Antonio Primo de Rivera señala en su única intervención filmada que “el fascismo no es una táctica, la violencia, sino un principio: la unidad”.

Voceros para la nacionalización de la izquierda

A la corriente con Sorel se suma el sociólogo Robert Michels[5] , el economista Vilfredo Pareto y los literatos Giovanni Papini y Filipo Marinetti, entre otros. Michels formula la ley de hierro de la oligarquía, en ella defiende que el liderazgo por sí mismo genera intereses propios distintos de los intereses de los representados, al tener que ser delegada la soberanía de todos en unos pocos dirigentes, la democracia es imposible.
   Marinetti en El manifiesto futurista señala el nuevo paradigma: “Queremos cantar el amor al peligro, el hábito de la energía y de la temeridad. El coraje, la audacia, la rebelión, serán elementos esenciales de nuestra poesía.  (...) No existe belleza alguna si no es en la lucha. Ninguna obra que no tenga un carácter agresivo puede ser una obra maestra. La poesía debe ser concebida como un asalto violento contra las fuerzas desconocidas, para forzarlas a postrarse ante el hombre. (...) Queremos glorificar la guerra –única higiene del mundo– el militarismo, el patriotismo, el gesto destructor de los libertarios, las bellas ideas por las cuales se muere (...) Queremos destruir los museos, las bibliotecas, las academias de todo tipo, y combatir contra el moralismo, el feminismo y contra toda vileza oportunista y utilitaria”. En esa línea, en el número dos de La Conquista del Estado, Ramiro Ledesma escribe: “Buscamos equipos militantes, sin hipocresías frente al fusil (...) que derrumben la armazón burguesa y anacrónica”. De las palabras a los hechos, las JONS asaltan al Asociación de Amigos de la Unión Soviética.
   Finalmente, al sindicalismo como instrumento se une la nación, el espacio de la solidaridad unamuniano. Con este punto de partida, Mussolini creará su teoría de naciones proletarias. “Que hacia esa confluencia nacional-sindicalista basculara por las mismas fechas alguien como Benito Mussolini, hasta entonces uno de los líderes de la izquierda socialista, no era sorprendente. Desde 1911-12, Mussolini, sobre quien Sorel tuvo reconocida influencia, se había situado, aún dentro del Partido Socialista Itaiano, en posiciones muy próximas a las del sindicalismo revolucionario, condenando el reformismo del PSI y de la Confederación laboral, instalados en las instituciones. Mussolini defiende el espontaneísmo revolucionario de las masas, la autonomía sindical y la huelga general revolucionaria” [6].

Tercera vía

Con todo ello, los sorelianos abren la tercera vía entre las dos concepciones totales del hombre y la sociedad que son el liberalismo y el marxismo, ideologías presas del racionalismo donde se prescinde de la intuición y del sentimiento en favor de una imposible concepción matemática de las ciencias sociales. El discurso es radical, basado en el poder de los sindicatos pero repudiando el carácter meramente reivindicativo de éstos y su domesticación por el socialismo parlamentario. Los sindicalistas nacionales repudian los pactos y acuerdos con la burguesía, así como el sistema de dominio del liberalismo democratizado: el parlamentarismo. “Asistimos sonrientes a la inútil pugna electoral. Queremos cosas muy distintas a esas que se ventilan en las urnas: farsa de señoritos monárquicos y republicanos” [7]. En 1920, enmarcadas en las huelgas y ocupaciones de Italia septentrional, los nacionalsindicalistas exigen la autogestión de la industria. El primer ministro Giolitti reconoce el derecho de participación de los trabajadores en las empresas. El nacionalsindicalismo italiano obtiene así una victoria épica que describe de forma excelente El nacimiento de la ideología fascista.
   Sorel recibió con alegría la revolución rusa, a pesar de haber criticado enérgicamente a los revolucionarios profesionales. Sorel ve en Lenin al genio creador del jefe contra la vulgaridad democrática. Ramiro Ledesma, en abril de 1931, pide al Gobierno español que reconozca al Gobierno soviético. Más adelante escribe que al marxismo hay que darle los honores de haber caído en la lucha revolucionaria.
   Sorel asume la frase de Croce y afirma: el socialismo ha muerto, cuando descubre, con amargura, que los fines y comportamientos del trabajador no difieren de aquellas de los burgueses. El carácter pactista del parlamentarismo liberal ha seducido a los partidos socialistas europeos occidentales y los sindicatos, animados por la acción directa y el mito de la huelga revolucionaria, o se amoldan o se separan radicalmente del socialismo parlamentario. Sorel se desentiende de las construcciones teóricas que anteceden a la acción, él cree en el hecho revolucionario. Abandona el marxismo cuando la socialdemocracia se domestica en los parlamentos. Sorel da su posterior adhesión a los procesos de revolución nacional que sacuden Europa.
   José Antonio Primo de Rivera leyó a Sorel. La obra del ingeniero francés figura en el plan de lecturas de José Antonio en las cárceles de Alicante y Madrid en 1936. Algo de ello hay ya en 1933, en el paraíso vertical con ángeles con espadas del discurso de la Comedia. Con Sorel, José Antonio aconsejaba a los sindicatos alejarse del mundo corrupto de los políticos y de los intelectuales burgueses, a los que José Antonio consideraba encerrados de forma egoísta en torres de marfil. En “Elogio y reproche a don José Ortega y Gasset” Primo de Rivera exige el compromiso con su tiempo y critica al espectador en que se ha convertido su maestro. En contra de las viejas creencias del sindicalismo revolucionario primigenio, Primo de Rivera no creía que la revolución de hiciera desde abajo. José Antonio creía que la revolución era tarea de una minoría “inasequible al desaliento”, algo similar a la vanguardia del partido promovida por Lenin o al pelotón de soldados de Spengler.
   FE de las JONS no cuaja en sus escasos cuatro años de existencia como organización independiente, aunque experimenta un renacimiento en la construcción del nuevo Estado tras una Guerra Civil en que los falangistas de carnet se multiplicarán como las setas tras la lluvia. Los cinco mil hombres, como mucho, con sus mandos encarcelados, que era la Falange en febrero de 1936, se convierten en los centenares de miles que organiza Manuel Hedilla en vanguardia y retaguardia con sus propias unidades, organizaciones y academias militares. Entonces el mito movilizador será el del propio José Antonio muerto, ya conocido como el Ausente. Y el sindicalismo revolucionario, el civilizador, pasará a las catacumbas de la Historia.





[1] Para más información sobre el autor francés ver de Gustavo Morales De la protesta a la propuesta Fundación José Antonio Primo de Rivera, Madrid 1996.
[2] Época: Desafío al liberalismo Inicio 1870-1914 http://www.artehistoria.com/historia/contextos/2719.htm
[3] Juan VELARDE FUERTES et al. José Antonio y la economía. Grafite Ediciones, Baracaldo 2004, página 185.
[4] Este es uno de los libros que figuraban entre los trabajados por José Antonio Primo de Rivera en sus estudios de doctorado.
[5] Robert Michels, hijo de Julius Michels y Anna Schnitzler, nació en Colonia el 9 de enero de 1876. Amigo de Max Weber, fue profesor universitario en Bruselas, París, Turín, Basilea, Perugia y Florencia. Por sus opiniones socialistas no pudo ejercer la docencia en Alemania. Era un crítico de izquierda de la Socialdemocracia, autodefinido en el campo del sindicalismo revolucionario italiano y francés, terminó apoyando al fascismo durante y después de su acceso al poder. Pareto, de posición más conservadora, también condenaba a la democracia burguesa por desconocer el rol de las elites, y saludó el advenimiento del fascismo como señal del derrumbe del régimen liberal corrompido.
[6] Época: Desafío al liberalismo Inicio: Año 1870 Fin: Año 1914 http://www.artehistoria.com/historia/contextos/2719.htm
[7] Ramiro Ledesma La Conquista del Estado, 11 de abril de 1931, página 1.
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GUSTAVO VILLAPALOS, el Pimpinela Escarlata español

Gustavo Villapalos Morales nació en 1915. Se afilió a Falange Española a los 19 años. Ingresó en el IV Tercio de la Guardia Nacional Republicana, antes Guardia Civil. Iniciada la guerra española, con la graduación de cabo, participó en la defensa del cuartel de la Montaña, donde fue capturado y encarcelado en la cárcel Modelo. Al ser amigo de José Antonio Primo de Rivera y miembro de la Primera Línea fue condenado a muerte. Cuando le iban a fusilar se tiró del camión y escapó. 

Llegó a zona nacional en noviembre de 1936 por el sector del Manzanares. Obtuvo el mando de una bandera de Falange, con la que tomó el cerro de la Estrella, en la zona de conjunción de los frentes de Extremadura y Toledo, por lo que fue propuesto para la Laureada. Al serle negada, pidió el ingreso en aviación. Fue admitido en los cursos de alféreces provisionales pilotos, en septiembre de 1938, y durante algún tiempo combatió en la unidad de García Morato. 

Cuando el coronel Ungría reorganizó en Burgos los servicios secretos de la zona nacional, reclutó a Villapalos, era un hombre de gran intuición, estoico ante el peligro y de valor temerario. Villapalos marchó a organizar la Quinta Columna en el interior de Madrid a fines de 1937, donde se puso a las órdenes del teniente coronel Centaño y colaboró con el teniente Gutiérrez Mellado. Entre otras cosas, enseñaba a quitar las espoletas a las bombas a los miembros de la Quinta Columna. Villapalos encontró varios pasos seguros de una a otra zona, aunque el principal fue por el sector del Tajo. Cruzó las líneas enemigas unas treinta veces. Entre las personas a quienes ayudó a evadirse figuran el futuro ministro Fernando Castiella y los aviadores González-Gallarza y Díez de Lecea. Es uno de los «Pimpinela Escarlata» del bando nacional. 

Una de sus misiones más heroicas, en octubre de 1938, fue la entrega de informes esenciales del Ejército Popular, destinados al coronel Ungría. Tres hombres cruzaban las líneas de fuego en el frente de Extremadura. Sólo uno llegó. Villapalos logró arrastrarse hasta las líneas nacionales con cinco balazos en el cuerpo. Esta nueva acción, como antes su heroica toma del cerro de la Estrella, le valió una nueva propuesta para la Laureada. Tampoco se la dieron, aduciendo «determinadas actuaciones de tipo personal en su vida particular de hombre soltero y más bien divertido», según el eufemismo oficial que afeaba sus  aventuras galantes. Al saberlo dijo Franco: «Habría que darle la Laureada como militar y fusilarle como civil». Al final le concedieron la Medalla Militar Individual. Villapalos era teniente de aviación al terminar la Guerra. En 1940, la Aviación Militar le investigó por su conducta personal. Fue absuelto en la causa 3.327 tras 86 páginas de investigación.

Revalidó luego su valor legendario en la División Azul, donde fue herido dos veces, obtuvo la Cruz de Hierro de segunda y primera clase y la medalla de combate cuerpo a cuerpo, entre otras.

Su aventura siguiente transcurrió en la Guinea española.

Ya en 1946, enamorado, se casó con su novia gravemente enferma de tuberculosis. La llevó al sanatorio de Tablada, en la sierra de Madrid. Villapalos abandonó sus aventuras y dedicó toda su atención al cuidado de su esposa. Al cabo de dos años, pese a la penuria de entonces, su mujer sanó. Tuvieron tres hijos, Esther, Paloma y Gustavo. El héroe sólo aguantó un año como delegado provincial del Ministerio de la Vivienda: aborrecía la burocracia y criticaba duramente a Franco por el comportamiento que tuvo con Falange.

En 1952 forma parte de la Comisión en la Exposición de Inventores Españoles.

Mantuvo su amistad de guerra con Manuel Gutiérrez Mellado, que fue padrino de bautizo de Paloma Villapalos, pero disentía de la actitud reformista del ya general con estas palabras: «No comprendo cómo se puede jugar a distintas barajas». Iniciada la Transición, rompió con sus antiguos amigos progresistas. Falleció a los setenta años, el 30 de marzo de 1985, sábado de Gloria, musitando el nombre de España.

Otros guerreros

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